Fue el eco que se escuchó claramente dentro de mi corazón, dentro de mi mente, dentro de mis emociones.

Las promesas se deben cumplir, si son fuertes, deben llegar a tener un momento en que se deban ser reales.

Pero el pedido fue claro, fue directo y enfrentando todos los temores.

“No me dejes”.

No es el momento, no es la manera, no debe ser así. Aún no aprendí a respirar sin tus besos, no se cómo es abrazar con ese amor que se siente en tus brazos, no se besar con locura fuera de tus labios, no memoricé el orden de tus cabellos cuando te peinas, no archivé en mi mente la cantidad de latidos por minuto que sumamos ambos cuando estamos juntos, no se la temperatura de tus mejillas mientras camino en tus sendas, aún no entendí por qué tiemblo con tan solo el sonido de tu respiración, no se cómo se siente cuando por un día no se nada de ti (y no quiero saberlo).

Aún retumba el eco. “No me dejes”.

Aún no estoy listo.