Mi expriencia con el fuego. Lo que me enseñó hasta ahora.

No creo que guardes memoria de cuándo fue que viste fuego por primera vez, a no ser que haya sido muy traumático; pero no solemos poner en nuestra memoria tal episodio. Con el tiempo se nos dice que no debemos jugar con el fuego, que debemos tener cuidado y que puede hacernos mucho daño. Nada de jugar con palitos de fósforos.

Todo ser humano disfruta de las fogatas, especialmente cuando la noche apenas comienza y el clima es favorable para ello. Hay una fecha especial en mi país, San Juan, la noche más fría del año, el momento perfecto para las fogatas; mi infancia está invadida de gratos recuerdos de esas noches.

Con el pasar del tiempo, tuve la oportunidad de ver que el fuego no solo es aquello que se inicia por medio de una simple ignición; me di cuenta que un fuego se encendía en mí cuando comencé a aprender a tocar guitarra, me di cuenta que había fuego cuando deseaba escribir mi primera canción, había una llama en mi interior cada vez que comenzaba a escribir; nadie lo veía, nadie lo sentía; pero yo acariciaba su calor.

No me gusta; pero entiendo, que la ira sea representada por el fuego. Cuando no sabes controlar el fuego dentro de tí (cualquiera sea) – vamos a terminar mal, será un incendio que queme todo a su paso. De seguro no será lo mismo que disfrutar una fogata. Sin control, nuestro fuego será destructivo.

La pasión es igualmente reprentada por el fuego; pero de la misma manera debe ser controlada, solamente así vamos a darle ese gusto que brinda una fogata.

Mi fuego tiene la misma fuerza que cualquier otro, tiene calor, tiende a crecer y a quemar; pero en su momento le doy el lugar que necesita. Solamente de esa manera se controla una fogata.

Tengo pasión por lo que hago; pero es mi trabajo (y mi deseo) darle un tono a fogata, como aquella que invita a sentarse y disfrutar de su calor, de su color y de su poesía. Quiero que mi fuego te abrigue.