Esta es una historia (metafórica) de mi encuentro con la poesía haiku. Ella aún no sabe que escribo por su complicidad.

Había un hombre que vivía en silencio, casi por tres años; pero no era un silencio dictatorial, más bien era un silencio voluntario, de esos en que uno necesita y disfruta, de esos silencios de calma para el alma. No había poesía, no había colores y no había motivos para anunciarse al mundo; era el tiempo y la compañía de lo que ya había antes.

El hombre era callado, pensativo y nervioso cuando miraba su propio futuro; así vivía mientras besaba sus propios sueños y sus propios deseos. Tantos momentos de felicidad, tantas letras y tantas historias que se convirtieron en recuerdos; todo aquello es lo que hace una vida sea agradable, todo esto es lo que hacía a este hombre sonreír.

La primavera siempre trae consigo flores; pero no así el otoño” – es lo que pensaba el hombre.

Era una tarde normal, no había sucedido nada fuera de lo común, el sol estaba a punto de desaparecer en el horizonte, sus rayos habían hecho su trabajo en el día. El hombre caminaba por su senda habitual, tratando de encontrar más motivos para soñar. De pronto, sin mucha introducción, sin una presentación llamativa, apareció ella… la flor. Sonrisa leve, colores tímidos, perfecta en su vestir, pelo suelto, perfume a flor de tajibo y con su maquillaje de otoño; ella estaba sola, ella era la flor que se escondía de los demás, ella era la flor de nadie; pero sin que ella se entere la convertí en la flor de mi primavera en otoño.

El hombre la miraba, quería entender por qué una flor quería estar en el otoño y el frío, “ellas deberían estar durmiendo…” – pensaba; pero mientras más la miraba, más corría el peligro de hacerla huir, de hacerla entristecer. Era la única flor en el frío y la soledad de su mundo.

¿Te podré escribir un haiku?” – pensó el hombre.

La flor nunca se enteró de su hazaña; la flor piensa que existe solo para quienes la ven de cerca; pero alguien le guarda un poema. El hombre refina su poesía, busca nuevas palabras e intenta describir a la flor, intenta no dejarla ir, intenta llevarla a todas partes, intenta imaginar que sonríe, intenta mostrarla al mundo por medio de un poema. La flor sigue ahí, la flor seguirá ahí, el hombre no la dejará ir.

Hoy, comienza la primavera, la flor es libre; pero sigue siendo única, el hombre escribió para ella y aún no sabe si la flor sonreirá de nuevo en el próximo otoño, no sabe si la podrá verla entre sus manos y mostrarle que es dueña de cada una de sus letras.

“¿Estará listo el libro?”, “¿Será suficiente para la flor?”…

continuará…

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