El paisaje no se mostraría en su gran majestuosidad si es que no hubiera un lugar desde donde se lo pueda apreciar por completo.

Hace unos meses atrás tuve la oportunidad de subir la famosa Muela Del Diablo, es una de las elevaciones en el Chaco de Bolivia donde soldados del ejército detuvieron el avance de los Paraguayos en la Guerra Del Chaco. Este cerro tiene muchas historias; cuentos y leyendas se tejieron al rededor de este monumento natural. Hoy es considerado un destino turístico.

Con todo, no es sencillo llegar a la cima, se debe tener una gran condición física y además de mucha resistencia, es algo que muy pocos podrían hacer de un solo empuje, para muchos sería necesario unas cuantas paradas para descansar un poco.

Algo que noté, al momento de subir, es que mientras más cerca se esta de la cima más son las ganas de decir: “hasta aquí no más, total… igual se ve lindo el paisaje” – la tentación de quedarse cerca del final es realmente fuerte porque las piernas ya no quieren responder y el cansancio es realmente grande.

Pero una vez arriba, nada puede compararse con disfrutar ese paisaje tan espectacular. El pensamiento cambia por completo en nuestra mente: “valió la pena continuar cuesta arriba”.

Lo curioso de todo es que muchas veces tenes que caminar cuesta arriba en nuestra vida, en cualquier ámbito que sea siempre vamos tener momentos donde no vamos a querer continuar, donde pensaremos que de todas maneras igual hemos llegado lejos y quizá nuestras fuerzas ya no quieran ayudarnos. Pero, cuando estemos arriba, nada se podrá comparar con todo lo que veremos desde ahí.

Existe un pasaje bíblico que muchos usan (casi a nivel de cliché) donde Dios intruye a Josué a ser valiente y esforzarse. Es lo que necesitamos, ser valientes y esforzarnos para seguir cuesta arriba.