No hay duda que es una de las épocas más esperadas por gran parte del mundo. Las luces, los juntes familiares, fiesta con amigos, pensar en nuevos proyectos para el nuevo año, analizar y evaluar el año que se va; en fin, muchas cosas para hacer.

Como humanos somos fáciles de entretener, estamos atentos a cualquier cosas nueva y no importa mucho si vale la pena o si nos suma para bien, sólo hace falta que nos entretenga y listo. Se puede enumerar y la lista sería muy grande. Desde películas, los famosos juntes, algún artitsta con nuevo albúm, noticias de la farándula, algún programa de televisión que nos mantenga atentos todas las noches, etc. ¿Está mal todo esto? – claro que no, lo que considero no correcto es que cualquiera de esas cosas nos mueven fácilmente de lo que realmente nos debería importar.

Creo que si cada uno de nosotros pensamos de manera sensata, concordaríamos que la navidad no son sólo luces, cena, música y reuniones. La navidad se define a sí misma y todos los adornos que conlleva estas fechas son solamente para hacernos ver mejor lo que celebramos en estas fechas.

No recuerdo mucho mis regalos, ni siquiera recuerdo tanto con quienes pasé las navidades de mi infancia; pero recuerdo que mis padres siempre tenían adornos (pocos o muchos) y una alusión al nacimiento de Jesús. Hoy nada me quita la idea de que Navidad es lo que en sí misma se define; el nacimiento de Jesús (Dios hecho hombre) en este mundo para cumplir uno de los encargos más especiales y difíciles de la historia.

No pongo en menos el esfuerzo de muchos en adornar nuestras calles, plazas y las casas. Ni tampoco menosprecio a quienes se enfuerzan por hacer una gran cena para esa noche (yo disfrutaré de una). Pero con todo, ¿cuál es el legado que dejamos a nuestros hijos? ¿quién es el personaje principal de esta navidad? ¿estamos dando lugar a que las distracciones nos hagan perder el verdadero sentido de toda esta celebración?.

Tanto como nos preocupa la situación en nuestro país o los problemas que se vienen todos los días, de la misma manera debería preocuparnos las convicciones, las enseñanzas y las verdades que dejamos a nuestros hijos.

De seguro todos hemos escuchado la famosa pregunta ambientalista (y muy válida por cierto) ¿Qué clase de mundo estamos dejando a nuestros hijos? – nos hace pensar en cuidar mejor nuestro planeta, ¿cierto?. Pero ¿hemos pensado alguna vez en esta otra pregunta?: ¿Qué clase de hijos le estamos dejando a este mundo?.

En cada uno de nosotros esta el esfuerzo por hacer que estas fiestas tengan su verdadero color. Pongamos un arbolito con luces, compremos los regalos, preparemos y disfrutemos de una gran cena; pero compartamos con la familia y comentemos a nuestros hijos por qué hacemos todo esto. Tal vez suene pacato y moralina; pero no olvidemos que estamos pasando la posta a la siguiente generación sobre lo que vale la pena en esta vida.

No hay duda que es una de las épocas más esperadas por gran parte del mundo. Las luces, los juntes familiares, fiesta con amigos, pensar en nuevos proyectos para el nuevo año, analizar y evaluar el año que se va; en fin, muchas cosas para hacer.

Como humanos somos fáciles de entretener, estamos atentos a cualquier cosas nueva y no importa mucho si vale la pena o si nos suma para bien, sólo hace falta que nos entretenga y listo. Se puede enumerar y la lista sería muy grande. Desde películas, los famosos juntes, algún artitsta con nuevo albúm, noticias de la farándula, algún programa de televisión que nos mantenga atentos todas las noches, etc. ¿Está mal todo esto? – claro que no, lo que considero no correcto es que cualquiera de esas cosas nos mueven fácilmente de lo que realmente nos debería importar.

Creo que si cada uno de nosotros pensamos de manera sensata, concordaríamos que la navidad no son sólo luces, cena, música y reuniones. La navidad se define a sí misma y todos los adornos que conlleva estas fechas son solamente para hacernos ver mejor lo que celebramos en estas fechas.

No recuerdo mucho mis regalos, ni siquiera recuerdo tanto con quienes pasé las navidades de mi infancia; pero recuerdo que mis padres siempre tenían adornos (pocos o muchos) y una alusión al nacimiento de Jesús. Hoy nada me quita la idea de que Navidad es lo que en sí misma se define; el nacimiento de Jesús (Dios hecho hombre) en este mundo para cumplir uno de los encargos más especiales y difíciles de la historia.

No pongo en menos el esfuerzo de muchos en adornar nuestras calles, plazas y las casas. Ni tampoco menosprecio a quienes se enfuerzan por hacer una gran cena para esa noche (yo disfrutaré de una). Pero con todo, ¿cuál es el legado que dejamos a nuestros hijos? ¿quién es el personaje principal de esta navidad? ¿estamos dando lugar a que las distracciones nos hagan perder el verdadero sentido de toda esta celebración?.

Tanto como nos preocupa la situación en nuestro país o los problemas que se vienen todos los días, de la misma manera debería preocuparnos las convicciones, las enseñanzas y las verdades que dejamos a nuestros hijos.

De seguro todos hemos escuchado la famosa pregunta ambientalista (y muy válida por cierto) ¿Qué clase de mundo estamos dejando a nuestros hijos? – nos hace pensar en cuidar mejor nuestro planeta, ¿cierto?. Pero ¿hemos pensado alguna vez en esta otra pregunta?: ¿Qué clase de hijos le estamos dejando a este mundo?.

En cada uno de nosotros esta el esfuerzo por hacer que estas fiestas tengan su verdadero color. Pongamos un arbolito con luces, compremos los regalos, preparemos y disfrutemos de una gran cena; pero compartamos con la familia y comentemos a nuestros hijos por qué hacemos todo esto. Tal vez suene pacato y moralina; pero no olvidemos que estamos pasando la posta a la siguiente generación sobre lo que vale la pena en esta vida.