Estas últimas semanas fueron de gran inversión para nosotros. Nos dimos cuenta que tener un medio de transporte propio conlleva tener un presupuesto extra, especialmente cuando al vehículo se le ocurre tener una epidemia de desperfectos… uno tras otro.

No tengo muchas ganas de recordar todo el dinero que me supuso estas semanas pasadas, cosa que espero no tener repetir de aquí a un buen tiempo; pero en medio de todo esto tuve el agrado de conocer o, por lo menos, charlar con algunas personas.

Voy a resumir dos charlas muy particulares:

Don Jorge (Mecánico de frenos)-

Llego por recomendación hacia este lugar. Un típico taller de mecánica. Sale a recibirme don Jorge.

–          Si joven, en qué le puedo servir.

–          Parece ser que mi vehículo necesita cambio de balatas y posiblemente otras cositas en los frenos traseros, el freno de mano ya no me responde igual. Respondí.

–          Bueno, métalo por aquí por favor. “Moquillo” (apodo de uno de sus ayudantes) vení ayúdame a sacar estas ruedas.

Luego de sacar ambas ruedas y desarmar todo el sistema de frenos traseros, don Rubén me explica de manera muy clara todo el trabajo que era necesario hacer, convenimos el precio y comienza ya mismo. Yo por mera curiosidad me voy fijando en la forma de hacer su trabajo, es decir la manera en que para él es tan natural desarmar todo y realizar su trabajo.

Detallista como él solo. Todo está bajo su control.

Al momento de comenzar a armar todo, toma todas las pequeñas piezas y las pone en su lugar correcto y sin ni siquiera dudar en lo que hace. En ese momento le digo una frase a modo de pregunta que resultó ser como un disparador para que me cuente detalles muy interesantes sobre él.

–          Usted podría hacer esto hasta con los ojos cerrados, ¿no?

–          Hasta en durmiendo. Respondió con una sonrisa.

–          ¿Hace cuánto que trabaja con esto?

–          Más de 20. Desde joven que aprendí esto y ahora sigo, tengo experiencia mi amigo y eso nadie me lo puede quitar, yo podría enseñar lo que sé; pero tener la experiencia nadie me lo enseñó, yo trabajé mucho para esto. Si estos jóvenes (sus ayudantes) trabajaran más duro, solo un poquito no maj, podrían hacerme competencia facilingo.

Tales palabras me hacen pensar mucho hasta ahora. Pero mi día aún no estaba completo, aún debía conocer a don Miguel y su esposa.

Don Miguel y su esposa (Lavadores de autos)

Tengo un lugar donde voy a hacer lavar la movilidad, es rápido, cómodo, hacen un servicio básico y soy casi un cliente conocido para ellos, hay como 6 lavadores en total; pero destaca de manera importante una pareja que trabajan juntos, don Miguel y su esposa.

Cada lavador debe buscar sus clientes del día, debe ubicarlos y comenzar el trabajo, tardan alrededor de una hora y media en hacer un trabajo completo. Hasta esta oportunidad nunca había tenido la suerte de que don Miguel me haga el trabajo.

Llego y hay 3 lavadores disponibles, yo por fin tengo la opción de elegir a don Miguel. Rápidamente comienza el trabajo con su esposa, ambos como si hubieran estudiado los movimientos de manera previa comienzan a lavar las llantas y así el resto del vehículo.

Casi al terminar el trabajo, llega otra movilidad que es tomada por su esposa y comienza con el trabajo. En este momento me animo a una pregunta casi obvia; pero llena de curiosidad:

–          Entre los dos deben lavar más movilidades que los otros, ¿no?

–          Un poco más, sí. Me responde con una sonrisa picaresca como delatando que encontré su secreto.

–          Hace falta trabajar así para tener un poquito más. ¿no?

–          Ayuda mucho tener a alguien más, entre los dos hemos trabajado en esto por muchos años y si Dios quiere así vamos a seguir, además es mi esposa y ¿qué mejor para mí no ve?.

Esta última expresión fue suficiente para mi curiosidad. Cuánta razón tiene y muchos de nosotros no hemos cuidado bien e nuestro mejor aliado en la vida.

Dos conversaciones, cortas; pero de gran valor… sin precio calculable.

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