Mi mochila estaba llena de nervios,
Los temores me hablaban sin parar,
Y así me encaminé a tu patio de amor;
Tus ojos me animaron,
Pestañabas alejando temblores,
Todas mis dudas mudaron a ternura,
La timidez se fue en un saludo;
La charla era en tu sonrisa.

Entiendo a quien dice morirse
Por los besos de tu boca,
Por noches de charlas,
Con el corazón latiendo,
Con sonrisas sincronizadas;
Un abrazo que se gestaba,
Nuestros sueños eran tal para cual.

La vida tenía más vida,
Los miedos eran enanos debiluchos.
Benditas las llamadas,
Nuestros latidos estaban de fiesta.
Sólo escuchar tus palabras,
Que yo siento lo que sientes,
Y de la nada llegaban las risas.

Este sentimiento mío,
Es un poema que no termina;
Como aquellos ayeres,
hoy quiero estar contigo.