Desde que tengo memoria, desde siempre, aunque creo que para todo hay inicios; no recuerdo cuándo haya sido el incio de mi papá; su inicio en el mundo de los churrasqueros. Debo presumir, es necesario hacerlo y no me da pena ni les pido permiso para hacerlo; mi papá es el mejor en este campo, no hay quién diga lo contrario; no lo habrá.

A lo que quiero llegar con este pequeño escrito.

Un hijo, que tuvo el privilegio de ver a su padre hacer muchas cosas, trata de alguna manera de igualar en algo a lo que hace su papá; y en mi caso no fue distinto.

Hace un par de días atrás, me dispuse a hacer un churrasco; mi padre estaba presente y yo estaba mentalizado en que él tomaría las riendas de todo; pero para sorpresa mía… no hizo nada. “¿Vas a hacer churrasco changuito?” – fue lo que me dijo y se sentó para verme hacer todo.

Al rato, cuando todo estaba listo, saqué la primera carne para hacer una picadita previa a toda la comida. Corté, alisté y lo puse delante de él. “Quiero saber tu calificación” – le dije a modo de broma. Levantó un pedazo, lo saboreó y luego de eso sin dudar me dijo: “Tiene buena mano che”.

Te vas a sentir muy grande e importante si luego de un buen gol, viene Cristiano Ronaldo y te dice: “Vaya que golazo hiciste”. Si luego de correr con todas tus ganas llega Bolt y te mira con admiración y te dice: “Eso fue rápido”. Si luego de lanzar un triple, de pronto Stephen Curry te aplaude y te dice: “Ese triple fue perfecto”. Si luego de escribir algo que te fue inspirado, la mujer que amas te dice: “Gracias, eso fue excelente”. Si Mario Benedetti te haya dicho con una gran sonrisa: “Me ecantó tu libro de haikus, por favor quiero tu firma en este libro”. En cualquier circunstancia, te sentirías superior, gigante… único. Creo que ya me expliqué.

Pero, a pesar de todo lo de arriba, que tu propio papá, churrasquero de toda la vida, pruebe tu trabajo y te diga un elogio; eso supera cualquier sueño y triunfo en la vida.