1:15 de la madrugada, ya es otro día y la eterna soledad me escribió al Whatsapp y vino a visitarme de nuevo; luego de estas sesiones y charlas con ella, suelo cambiar mi número y contraseña; pero siempre logra contactarme al final. Llegué a pensar que ella me ama.

-¿Otra vez pensativo? – me preguntó mientras desenvolvía una goma de mascar, siempre con elegancia y a veces mostrando un poco de desdén. Vestía un vestido largo, azúl, marcando y delineando sus verdaderas intensiones. Ella quería distraerme.
-Tengo mucho en qué pensar, como sabes estoy envuelto en un gran locura y no la quiero dejar. – me mostré seguro en mi respuesta, firme y cerré mis ojos, a lo mejor se da cuenta que quiero dormir y deja en paz.
-Yo se que no tienes sueño – me dijo – por eso estoy aquí.
-Tu seguridad es envidiable.
Ella sonrió. Terminó de hacer un globo con su goma de mascar de menta y añadió.
-Leí tu reciente publicación en Instagram, hablas sobre mí. Me siento feliz por no olvidarme y…
-No fue por ti. – respondí cortando sus palabras.
Guardó silencio y apenas masticaba, ella estaba adivinando que hoy no quería de su compañía.
-Ella no te escribe como yo. Ella puede vivir sin tus poemas y mensajes. Ella tiene otras prioridades. Ella…
-¡Cállate! – le dije.
-Solo te digo…
-Lo que sospecho. – la interrumpí.
Abrí mis ojos para verla directamente, quería que vea lo que siento en verdad. La eterna soledad me escuchó atentamente.
-No soy el mejor, cada día me equivoco, cada día reinicio y cada día escribo. No se si ella me abraza, no se si me besa, no se si piensa en escribirme y no se si soy el primero; pero no creas que ahora estoy solo, porque aunque no sepa mucho más, ella existe y si no me escribe, estoy seguro que en sus sueños me mira. Observa con atención porque ella está aquí justo ahora, ¿la puedes ver en mis ojos?, ¿por qué crees que ahora escribo? – Ella es mi inspiración.

La eterna soledad me miró buscando certeza en mí… y la encontró.

Nuevamente cerré mis ojos. Ella, con dos dedos sacó la goma de mascar de su boca, que aún no había sacado todo el dulce, la dejó caer al suelo y sin volver a mirarme, se marchó.

1:36 de la madrugada, ya es otro día, ya puedo dormir.

Prometo soñarte.