Y a todo lo que sucede hasta ahora, ¿cuándo fue que salió de tu boca la palabra “gracias”? – ultimamente estuve leyendo mucho sobre la idea de decir siempre un “gracias”. Pensando bien, decir esta palabra nos libera de muchas cosas, nos lleva a niveles especiales y nos da un nivel de vida mucho mejor, a decir verdad dar gracias nos ayuda a descansar mejor.

Gracias. Nos cuesta mucho ser agradecidos, no vemos las cosas por las que debemos serlo.

Tenía a mi hija delicada de salud, en realidad un resfrío normal por la época, en algunas ocaciones esto representaba alguna inflamación de amigdalas. Encontré un amigo y charlando un poco sobre la vida, siempre salen a relucir las charlas casi obligadas: ¿cómo esta el trabajo?, ¿qué tal la familia?, ¿cómo esta el clima por allá?, etc. En medio de la chala le conté un poco sobre mi hija enferma. Me sorprendió su respuesta: “Gracias a Dios que sabes de qué esta enferma, y ya tiene un tratamiento”.

Me quedé pensando. ¿Quién en su razonamiento normal agradecería un refriado con inflamación de amigdalas? o ¿qué padre daría las gracias porque su hija está enferma? – casi nadie. Pero dar las gracias por saber qué hacer, por tener lo necesario para el tratamiento, por saber que estará bien y por saber que no empeorará. Son detalles que dejamos escapar de un gracias.

Max Lucado, en su libro “Antes del Amén” da una gran sugerencia, se las paso rápidamente, es un ejercicio que cuesta un poco; pero vale la pena. Hagamos un abecedario de agradecimiento. Gracias por A: alimento, B: , C: cafe…

Mostremos nuestro agradecimiento.

Antes de terminar… gracias por leer y por tu visita a mi sitio.