Hacce un par de noches atrás, estuve esperando un pedido de comida para llevar a casa. Es siempre intersante observar a las personas. Hay de todo en esta vida. El par de amigas que les falta el tiempo para ponerse al día, el muchacho adolescente solitario, el que siempre tiene un charla en whatsapp, los señores que hablan de política y administración de alcaldes, el trío de amigos haciendo cálculos para los equipos deportivos… sin contar, claro a quienes dan el servicio, que al parecer son máquinas haciendo trabajo; pero son mudos testigos de todas las charlas en el aire.

En medio de tanto bullicio me llamó la atención una adolescente con su hermanito (al parecer) ella le estaba enseñando a caminar (una loable tarea y ejercicio de espaldas). Por lo visto ella estaba empeñada a que diera más pasos y lo animaba para ello, el pequeño tenía sus brazos elevados hasta sus hombro, una suerte de ayuda para el equilibrio, y así daba sus cortos pasos. Era una victorio cada uno de ellos.

Considerando nuestra vida diaria. Creo que no hemos dejado de aprender a caminar; cada día hay desafío y pruebas que nos ayudan a dar el siguiente paso; pero de igual manera estoy convencido que hemos dejado de celebrar cada paso que llegamos a dar, hemos dejado que nuestras emociones se anastecien por culpa de los afanes de la vida misma, por las preocupaciones que son elevadas a un nivel que no se merecen, por los malestares que no son de gran importancia. El paso en sí ha dejado de ser una forma de sumar alegría en nosotros.

En el próximo paso ganado te animo a celebrar, a sonreír, a saber que diste lo mejor para llegar ahí. Valdrá la pena el itento, vas a sentirte niño de nuevo.