Siempre, o en muchas ocaciones, le sugiero a mi mente que ya no escribiré otra vez; otras veces pienso que ya no podría volver a escribir o tener alguna inspiración. Lo curioso de todo es que siempre caigo otra vez, siempre regresa algo para escribir.

Un par de madrugadas atrás, cuando la hora es lo de menos en ese momento, todos duermen y sin querer uno comienza a pensar (soñar, susurrar, suspirar… eligan ustedes) – tuve la sensación de escribir, de querer otro título más para rellenar en una hoja, y así comenzaron a llegar, letras tras letra, palabra tras palabra, idea tras idea. Se supone que debí tomar mi cuaderno, o abrir mi Evernote y escribir las ideas y no de jar que vuelen por ahí; debí atraparlas, debí inmortalizarlas. La madrugada se fue, en silencio; tal como se fueron esas letras.

Me convencí – de manera tan equivocada – que podía recordar cada detalle, que podían volver con tal solo llamarlas o con tan solo invocar algunas de esas palabras; pero no es así, no funciona así.

Hoy tengo sed de tales palabras, hoy no puedo decir que las extraño si es que no las recuerdo, no puedo decir que volverán a mi de nuevo porque no sabría reconocerlas, a lo mejor regresen cambiadas y me hagan sentir lo mismo… quizá así, y solamente así, pueda reconocerlas de nuevo.

Escribe todo. Toma un cuaderno, una aplicación, una hoja y escribe lo que tengas en tu mente, especialmente lo que te haga sentir único. Te aseguro que valdrá la pena.

Por favor, no cometas mi error, no dejes que tus letras se vayan.