Él.

Él nunca fue importante. Nació en medio de un mundo ruidoso y escandaloso; siempre guardando todo lo que podía decir, todo lo que podía gritar. Nació sin mucho barullo para el mundo, sin llamar la atención en su ciudad de tierra.

De niño, solía inventar, soñaba, solía correr fuera de su mundo para crear otros, solía viajar tan lejos que a veces se quedaba por un buen tiempo mientras seguía creciendo; todo esto siempre en silencio, siempre guardando cada historia inventada, la gran mayoría hoy ya olvidadas.

Ya de grande le encantó sacar fotografías. Era su gran hobby. Era su manera de sacar lo que sentía, su manera de mostrar su alma al mundo. Sí, ya no quería ser un simple humano acompañado del silencio, mostraba sus fotografías, les daba vida por sus ojos, les regalaba un título y así les gritaba sus sentimientos a quienes podía llegar.

En medio de tantas fotografías, en medio de mostrar todo lo que sentía, un día la vio a ella. “Es la mejor” – pensó.

¿Cómo se puede llegar a tanta perfección?.

Él volvió a vivir. Supo qué era sonreír. Ella no lo sabía, solo existía. Solo la mitad de una fotografía se forjó.

Ahora son él y sin ella y las fotografías a escondidas.

Leer 1ra. parte.